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Habia una vez....

 Mucho antes de la llegada de los colonizadores europeos en América del Norte, las tribus amerindias del este de Canadá y del noreste de los Estados Unidos habían descubierto como recolectar la savia de los árboles de maple y transformarla en jarabe.

 Algunos cuentan que en primavera, una pequeña ardilla subió a lo largo del tronco de un árbol de maple, mordió una pequeña rama y comenzó a beber la savia. Un amerindio la observaba y se preguntaba por qué la ardilla hacía eso si habia una fuente de agua fresca muy cerca.

 El amerindio quiso imitar a la ardilla haciendo una grieta en el árbol con su cuchillo...Qué sorpresa! . Hasta ese momento, su tribu solo conseguía el azúcar en las frutas salvajes, pero ahora contaban con un árbol que literalmente lloraba el azúcar como lágrimas de cristal.

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  Además de todo, él acababa de descubrir un remedio contra el escorbuto que sus compañeros sufrían muy seguido en primavera. Y todo porque él había observado e imitado a una ardilla que se quitaba la sed con la savia del maple...

 Esta pequeña historia del descubrimiento del jarabe puro de maple fue confirmada por Marie-Victorin,grande naturalista y sabio Quebecois hace muchos años, autor ilustre del libro La flore laurentienne. Los amerindios habían entonces aprendido acerca del maple observando a la ardilla roja.

 En efecto, cuando una rama de maple se rompe por el peso del hielo del invierno, de la grieta que se forma comienza a brotar la savia en primavera. A partir de este corte natural, la savia sigue siempre el mismo trayecto, a veces hasta el pie del arbol. Dia tras dia el cálido sol de de primavera evapora el agua del hielo dejando una estela de maple que las ardillas rojas saborean golosamente.

 

Habia una vez....